Al final de la escalera
Cada mañana, presurosa y feliz, ascendía por esas escaleras, encajonadas entre níveos muros, que me conducían hacia ti. Ansiando
Cada mañana, presurosa y feliz, ascendía por esas escaleras, encajonadas entre níveos muros, que me conducían hacia ti. Ansiando
En este instante que habito, casi nada falta, casi nada sobra. Si acaso, algunas urgencias y unos poquitos miedos, los
A veces, de los sexos abiertos como heridas brotan auroras. Y las noches salvajes se acurrucan tras los párpados aguardando
Mis mujeres arrastran la vida vestidas de miedo, amortajadas de sueños, preñadas de trágica feminidad. Se lavan la cara y
Hay días en los que ni la vida se atreve a mirarte a los ojos. Días feroces de desahucio interior, de heridas