Una novela que atrapa desde el principio (reseña de Isabel Lara)

La ecuación de Dirac es una novela que te atrapa desde el principio y se lee con la avidez provocada, entre otros elementos, por las miguitas de pan que nos va dejando la autora gracias a una excelente utilización de la prolepsis.

Los personajes creados por Alicia se te quedan pegados al alma, hablas, discutes con ellos y hasta quieres llevártelos a tu casa. Yo no tenía sitio para todos y, aunque el personaje de Charo merece también una historia propia, finamente elegí a Manolo, un Manolo que es un cante de ida y vuelta ¡Cuánto he sufrido, sabiendo que no iba a cumplir su sueño americano! Creo que hasta le he gritado para que no se metiera en líos. Así de creíbles y complejos describe la autora a sus personajes.

Alicia es una maravillosa creadora de atmósfera y en esta novela podemos testificarlo con ese Cádiz de postguerra del que hueles hasta sus estrecheces. Podríamos caer en el error de pensar que tiene la ventaja de ser una historiadora cuya tesis versó sobre la represión franquista en Cádiz, pero nos equivocaríamos. Cuando nos acerca a Nueva York también palpamos esa ciudad y los lugares por donde pasearon y lloraron los emigrantes de maleta de cartón, porqué la escritora, además de herramientas para la documentación histórica, posee elementos tan fundamentales como la sensibilidad y el oficio.

La novela de Alicia nos regala, además de una historia que forma parte de “nuestra historia”, una banda sonora y dos tours turísticos (Cádiz y Nueva York), pero sobre todo nos regala emoción y empatía a raudales

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