Los libros de Alicia Domínguez tienen mucha relación con la memoria. Y es comprensible dada su formación, es doctora en historia, y su compromiso social, pero aquí en La Ecuación de Dirac, va trenzando con una pericia maravillosa, memoria social con memoria individual, y así, consigue algo poco común: convertir la memoria, la distancia y las heridas familiares en una historia profundamente humana y conmovedora.
En este nuevo trabajo, la autora lleva al lector desde el Cádiz de la postguerra hasta el Nueva York de los emigrantes españoles con sensibilidad y pulso narrativo y sin perder nunca la emoción íntima de los personajes. Si su libro anterior, De memoria perdón y otros conjuros, ya exploraba la identidad, la pérdida o los vínculos familiares, esta novela representa un paso más maduro, más complejo emocionalmente, a través de una mirada más amplia hacia el exilio y la distancia.
Por otro lado, es una novela coral, donde actúan múltiples narradores, lo que no es nada fácil a la hora de escribir. Yo me voy a referir a una frase que puede ser un lugar común pero que me parece muy acertada para describir este trabajo: Alicia hace ‘encaje de bolillos’ en esta novela. Me explico: yo, que me encantaría aprender a hacer bolillos, admiro la paciencia con la que se trabaja sobre el “mundillo” y con la que las manos de las mujeres van agrupando manojos de palitos, cada uno con su hilo finísimo, y cruzándolos con una rapidez y pericia asombrosas para conseguir esos dibujos maravillosos en los encajes sin que quede ningún hilo suelto. Y eso, precisamente, es lo que consigue Alicia en esta obra fragmentaria a través de sus cuatro narradores que se van alternando, así como se alterna el pasado y el presente para contar una historia coral que comienza in media rex, o lo que es lo mismo, empieza a mitad de la historia y desde ahí vuelve hacia atrás para contar el pasado enlazando con el presente para contar la historia completa. Manejar este puñado de personajes sin que quede un cabo suelto y bordarlos, no es nada fácil.
En definitiva, este libro es un viaje sobre los hilos internos invisibles que nos unen, incluso cuando el tiempo, el océano o el silencio parece haberlos roto. Y tiene una lectura que engancha: inteligente, llena de matices y capaz de dejar eco mucho más allá de la última página.
Así que léanla, porque seguro que se van a reconocer en algunos de los personajes y se los van a quedar un tiempo a vivir con ustedes.