Hasta hace bien poco, escribir era un acto subversivo si eras mujer. Porque subvertir es trastocar lo establecido, o sea, el orden patriarcal dominante. Hoy, ya no lo es tanto, pero sí continúa siendo una disciplina en la que no es fácil abrirse camino. Como tantas otras que no sean las tradicionalmente asignadas al género femenino.

Desde siempre, la literatura ha sido un mundo copado por hombres: la mayoría de los libros estaban protagonizados por hombres, escritos por hombres, editados por hombres. Hace menos de dos siglos que el poeta británico Robert Southey, le decía a Charlote Brontë que «la literatura no era asunto de mujeres». Con ese panorama no es raro que la mayoría renunciaran a escribir o escribieran sin esperanza de ver publicados sus escritos o utilizaran nombres masculinos: George Sand, Isak Dinesen, Fernán Caballaero o Charlote Brontë.  Leer +