Si tú también te sientes
en construcción permanente,
constantemente de paso,
rellenando agujeros,
un poco, bastante, fraude,
un mucho constreñida,
mortalmente cansada,
demasiadas veces transparente,
incuestionablemente errónea,
secretamente insegura,
siempre urgida por la prisa
aunque nunca llegues a tiempo,
no ya al lugar donde quieres,
sino al sitio en el que te esperan,
rabiosamente triste,
vacía hasta la médula,
enojada con todo,
y más que con todo, contigo,
forastera en el mapa de tu piel
siempre anhelando algo indefinible,
que duele en un lugar inconcreto
¿tal vez en el alma?

Entonces, necesitas urgentemente dar un paso atrás para ganar perspectiva. Es mentira eso de que hay que mirar siempre hacia adelante. A veces, toca volver atrás y examinar la propia vida. La tuya y la de las que te precedieron. Porque no siempre puedes vivir en una eterna huída hacia adelante en la que reaccionar es la única opción. Hay que aprender a accionar. Accionar los resortes de la propia vida, los del goce, la risa suelta y libre, la asertividad -¿has probado a decir NO, así alto y claro? NO, NO y N, la responsabilidad con una misma, la satisfacción de las propias necesidades y deseos… esos que se están oxidando a fuerza de no ser usados casi nunca.

Despójate de la capa dorada que te colgaron, como un opresivo sambenito, cuando te dijeron que debías brillar, que solo así serías grande, que solo así te querrían y se enamorarían de ti. Al principio, te costará trabajo. Está casi fundida con tu piel. Dolerá arrancártela. Te sentirás desnuda. Querrás volver a ponértela, pero no lo hagas. Porque si vuelves a ocultarte bajo ella, nunca dejarás brillar a la mujer que hay debajo, la que verdaderamente eres, esa que…

teme, pero vuelve a arriesgar;
envejece, pero conserva una brizna de niñez;
cae y, tras sacudirse el polvo, se levante, altiva y orgullosa;
crea, a pesar de los destrozos que acumula en la vida;
llora, y con sus lágrimas riega nuevos amaneceres;
se marchita, pero vuelve a florecer desde dentro;
sueña, como si soñar fuera gratis;
ama, pero por encima de todo se ama a sí misma;
vive, de espaldas a la inexorable muerte,
como si hoy fuera el único día,
como si existir no pesara,
como si siempre fuera fiesta de guardar…