Quien no tiene memoria, carece de identidad. Y sin identidad no somos absolutamente nada.

Andalucía: memoria de la que sentirme orgullosa, identidad a la que defender, futuro que construir.

Mi tierra es el legado de millones de mujeres y hombres que construyeron este sur tan denostado, tan humillado, tan ultrajado, tan detestado por quienes no nos conocen y nos tachan de incultos, de subvencionados, de comernos la letras —con lo bueno que está  nuestro gazpacho, la pringá o los espetos de sardinas—, de estar todo el día dándole al cante y al baile en lugar de trabajar… Y, también, el de esa otra gente que tuvo que irse de esta tierra de señoritos y gañanes para construir el resto de España, o para producir en fábricas  alemanas o cosechar en tierras francesas, maleta de madera en mano, miedo, sentimiento de inferioridad, «no entendiendo, perdone…»,  o de los que cruzaron el charco para no sentirse tan solos oyendo voces que parecían de aquí… Ellos nos construyeron y ellos nos habitan.

Memoria para saber quiénes somos y de dónde venimos; para enorgullecernos de lo que hemos hecho. Y humildad para reconocer nuestras carencias, nuestros errores, nuestra apatía, nuestros complejos… Memoria e imaginación que sirvan de palanca para mover una tierra, y a unas gentes, cuyas cicatrices aún supuran y que no terminan de encontrar su lugar en la historia.

Me siento andaluza porque crecí al sur del sur y aquí aprendí las  primeras letras, jugué con mis primeras amigas, —¡ay esa amistad que no sabe del desgaste del tiempo!—, conocí el amor, lloré, enterré a mis muertos y, aquí, sigo disfrutando de algunos de mis amados vivos, otros tuvieron que irse porque, aunque esta tierra es grande y rica, no nos lo pone fácil para permanecer.

Andalucía me hace distinta al resto, pero, inexplicablemente, igual.  Porque nacer en un lado u otro es un purito accidente. Quedarse, abonar la tierra que pisas con tu quehacer diario, es una decisión personal. Y yo he decidido pensar en andalú, sentir en andalú, hablar en andalú. Esa es mi identidad.

Quien me busque, encontrará a una mujer que se come algunas eses y aspira las haches y se siente orgullosa de ser andaluza. Porque por  mis venas corre la sangre de tantos pueblos, de tanta gente…

Ver documental ‘Las llaves de la memoria’