¡Ay, abuela, cómo está la cosa! Este no es país para hacer planes, ya te lo digo yo. Si volvieras, no lo conocerías. Si me quedaba alguna duda de que el mito del progreso infinito es tan falso como que las uñas y el pelo siguen creciendo después de muertos, la tozuda realidad de esta última década la ha disipado por completo. Y para colmo, ya no nos provoca ni indignación, que hasta de estar hartos nos hemos hartado y ya empieza a sonarnos bien eso de que hemos salido de la estafa, perdón, de la crisis en la que nos metieron. Escucha lo que me pasó el otro día en el tren camino de Madrid.

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