Emocionadas, nos despedimos de ellos. Le prometimos que acudiríamos a la Parreirinha da Alfama en otra ocasión.
—Después de escucharla a usted, María, cualquier fadista nos va a parecer poca cosa —le dije, apretando su mano y tratando de vocalizar lo mejor posible para que me entendiera.
María, en cuyas mejillas volvió a asomar el rubor, se despidió muy afectuosamente de nosotras. Inclinando la cabeza, se llevó la mano al corazón en un gesto que me inspiró una profunda ternura. Imaginé su pesarosa existencia sometida a dos hombres por cuyo amor acalló el ruiseñor de su garganta. Pensé en cuántas mujeres se veían obligadas a renunciar a sus sueños como condición, tácita o expresamente impuesta, para mantener una relación de pareja. Mujeres fuertes, inteligentes, corajudas y capaces que, sin embargo, seguían reproduciendo de manera inconsciente el modelo de sumisión que sus madres y las madres de sus madres padecieron. «¡Cuánto de eso han vivido mis queridas y dolientes mujeres!», me lamenté.
Bajamos las callejuelas de Alfama pensativas. Yo, agarrada a Sara como un náufrago a su tabla para no perder el equilibrio sobre mis altos tacones, y rememorando las estrofas que acababa de escuchar: Vuelve atrás, vida ya vivida, para que pueda ver aquella vida perdida, que no supe vivir. El tiempo va pasando, un día reímos, un día lloramos. Dios mío, cómo pasa el tiempo, nos decimos de vez en cuando. Pero el tiempo se queda. Es la gente quien va pasando… Mi prima, en silencio, algo extraño en ella que siempre tiene ganas de hablar.
Acabamos la noche en el Chiado. Al pasar por La Brasileira, le pedí a Sara que me hiciera una foto sentada junto a la estatua de Pessoa.
—Una foto muy original —dijo con guasa.
—Quedémonos aquí un ratito —le propuse.
—Son las dos y media de la mañana.
—¿Tenemos prisa? ¿Alguien nos espera? —la remedé, mientras me sentaba en una silla de la terraza del famoso establecimiento, que a esa hora estaba completamente desierta. El dulce sabor de la libertad me inundaba la boca.

‘Viaje al centro de mis mujeres’ Alicia Domínguez