“Las mujeres estamos furiosas, enfadadas, indignadas, encolerizadas, estupefactas, perplejas, atónitas, alarmadas, espantadas y horrorizadas por el repunte del machismo que estamos viendo en los últimos tiempos. Tanto que, a veces, pareciera que estamos desandando lo andado en años de lucha. Por fortuna, solo lo parece porque lo cierto es que hay una generación de jóvenes muy activas que están renovando el feminismo y las formas de lucha. Y gracias a eso, aunque nos sigáis matando, estamos más vivas que nunca; aunque pretendáis detenernos, seguimos manteniendo la movilización social —creo que, después de la explosión de las mareas a partir del 2011, el feminismo es uno de los movimientos que, a pesar de la pasividad general, sigue ocupando la calle más a menudo e inundando las redes sociales de causas—; aunque nos coloquéis la letra escarlata y nos apedreéis culpabilizándonos de querer tiranizar a los hombres y acabar con todo cuándo les rodea, lejos de amedrentarnos, nos reforzáis. Porque la indignación es un potente combustible. Y hay tantos motivos para estarlo que la llama, lejos de apagarse, se aviva día tras día”. Leer artículo.