Yo me siento orgullosa de ser andaluza. Andaluza de las que no se resignan, de las que quieren otra Andalucía, no la folclórica, clientelar, subsidiada, tópica y presa de la resignación que se fomenta desde ciertos ámbitos de poder; tampoco la que lidera las estadísticas de desempleo o el abandono escolar.

Me enorgullezco de la que parió a grandes hombres y mujeres. La que crea y arriesga, la que inventa, lucha y no se da por vencida, digan lo que digan las estadísticas y esos señoritos y señoritas que nos miran por encima de Despeñaperros y se ríen de nuestro habla: ¡qué acento más graciosos tenéis! Piensan que ellos lo hacen mejor solo porque pronuncian las eses… Esa en la que vieron la luz grandes como Seneca, Averroes y Giner de los Rios; la de Antonio de Nebrija, tuvo que ser ‘andalú» el que escribió la primera gramática castellana, Góngora, Lorca, María Zambrano o la rebelde Aurora Fuster, dramaturga asesinada por su marido con solo 23 años; la de la Escuela Sevillana de Zurbarán y Velázquez, la de Carmen Laffón o Murillo. Me enorgullece la Andalucía que se rebela, como lo hicieron María Bellido, heroína de la Guerra de Independencia, Aixa, la sultana de Granada o Francisca García, la cocinera almeriense que fue miliciana en la columna de Durruti; la que dio la vuelta al mundo con los acordes de Andrés Segovia, Turina y Paco de Lucía; la que bailó Cristina Hoyos y cantó La Paquera de Jerez o Antonio Mairena; la que llevó por el mundo ‘La Tortajada’ o Chano Lobato y la que aún pasean Estrella Morente, Antonio Lizana o José Mercé. Y tantos otros y tantas otras… Admiro a la que, sin necesidad de entonar himnos, cada día pelea para ‘volver a ser lo que fuimos, hombres (y mujeres) de luz, que a los hombres (y mujeres), alma de hombres (y mujeres) les dimos’.

En este 28 de Febrero, deseo Feliz Día de Andalucía a los hombres y mujeres que nos resignamos.