Llueven primaveras en este invierno triste
que nos arraigó en las entrañas.
Paseo por las calles rebosantes de quimeras.
Lo que debe arder, arde…
Arde la fe que, hasta ayer, no prendía.
Arde la esperanza que tiempo atrás se heló.

Gargantas tiernas gritan inconformismo.
Manos vírgenes comparten naranjas olorosas.
Huesos jóvenes acampan en plazas,
en las que el sol ardiente se ha instalado;
imposible volver a la oscuridad.
Bocas jugosas nombran la risa,
claman rebeldía, invocan el porvenir.
Rezuman futuro, cantan, sueñan, creen.

Lo que debe pasar, pasa.
Pasa que la utopía brota de sus almas.
y dan forma a quimeras contagiosas
y Mayo se posa en sus brazos abiertos
y la ilusión, corriente impetuosa, anega sus ojos limpios,
arrastrando a su paso lo imposible.

Y yo, pobre proyecto de incrédula
en el que me estaba convirtiendo,
vuelvo a ver con la mirada de dentro.
Vuelvo a arder y a soñar.
Alegremente creo, de nuevo creo.
Lo que debe suceder, sucede
cuando llega su tiempo,
ni antes ni después.

Milagrosamente, hoy, de nuevo,
me siento parte del milagro.

Lawolemba