Saber que Neruda violó a una limpiadora de un bungalow de Wellawatha cuando era Cónsul de Ceilán, como si fuera una estatua, como él mismo reconoció en sus memorias, te deja un agrio sabor de boca al vover a recitar esos ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’ que un día te enamoraron. Leer artículo completo