En este instante que habito,
casi nada falta, casi nada sobra.
Si acaso, algunas urgencias
y unos poquitos miedos,
los justos para mantener el legado
de las que fueron antes de mí.

Aunque, ahora que lo pienso,
tal vez sobran ausencias.
Algunas tan recientes que aún aguijonean
los bordes de algo parecido al alma.
Y otras que, a fuerza de tiempo,
han acabado habitando
en el fondo de la desmemoria,
donde me escondo cuando
temo enloquecer de nostalgia.

En este preciso instante,
me palpo sin creer mi suerte:
casi nada falta, casi nada sobra.
De ese casi me ocuparé mañana.