¡Ay, abuela, cómo pasa el tiempo! Cuarenta años ya desde ese miércoles en el que con tu papeleta en el bolsillo nos dirigíamos al colegio electoral. ¡Cuánta ilusión y cuánto miedo! Ilusión porque, al fin, los tiempos iban a cambiar. Miedo a creer de nuevo y que, de nuevo, todo volara por los aires como “cuando nos reventaron la democracia en el treinta y seis”. Y ambas emociones aflorando en todas las conversaciones que manteníais los mayores días antes de las primeras elecciones democráticas tras el golpe de Franco.

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