Vivimos en la sociedad de la apariencia y de las etiquetas. La sociedad del plexiglás, que decía mi abuela;  la del no es, pero aparenta ser. El día que creé mi página de Facebook y la etiqueté como ‘escritor’ (lo del género parece que aún es secundario para el Zuckerberg ese), me inflé como un globo. ¡Escritora! ¡Qué orgullosa se sentiría mi abuela y mi madrina si me vieran! La sola idea de haber sido capaz de terminar una novela me ensancha el ego. Y voy diciéndolo por ahí; como aquella que no quiere la cosa lo dejo caer: si, bueno, eso lo trato en mi novela que se publicará próximamente… Y un íntimo y casi erótico placer me recorre la espalda al ver la cara de admiración de mi interlocutor: ¿si? ¿has escrito una novela? ¡Yo no sería capaz en la vida de hacer eso! Sigo engordando… Gran error. Ignoro si mi novela tendrá éxito o será una más de las miles que se publican anualmente que sólo compran la familia y los amigos del autor (‘Grabé un disco, le dice un amigo a otro. Sí lo sé, lo compré, le responde.¿Fuiste tú, entonces?’). No he querido someterla al juicio de ningún crítico. Estoy hasta los ovarios de críticos que creen saber cómo debes decir lo que solo tu sabes decir, porque sólo a ti te sale de dentro. No he querido exponerla al rechazo de una editorial clásica (igual he perdido la oportunidad de que fuera un pelotazo), seguramente para no ver comprometido mi ego. Porque… esa novela me ha hinchado el ego. Estúpidamente, lo sé, porque sigo siendo el mismo ser vulnerable e imperfecto que era, solo que… con dos libros a mis espaldas.  O sea… ná de ná.

Por eso, conviene abstraerse de la cháchara mental, de los ‘Me gusta’ de las redes sociales, de los halagos de los que te quieren y, sin miedo, abrir el telón que oculta la esencia de lo que somos. Con valentía, dejar de oír las palabras para sentir lo que se esconde detrás de ellas. Sólo así podemos recuperar el lado milagroso que habita en nosotros y emborronar papeles con el. Sólo esa parte es la que merece ser escuchada, leída, contada… Lo demás, es puro artificio.