“Arriésgate a volar. Sólo así podrás dar alcance a tus sueños más elevados”. ¿Cuántas cosas hemos desistido de intentar por el simple hecho de no sentirnos capaces de conseguir?
Hace más o menos dos años, un amigo, compañero y experto en coaching me regaló una enseñanza que jamás olvidaré. En una conversación sobre las cosas que nos gustaría hacer en la vida y siempre postergamos por temor al fracaso, me sinceré confesándole que mi sueño secreto era convertirme en escritora. El me preguntó ¿y escribes? Con pudor le confesé que sí. ¿Y te leen? Con más pudor aún, negué con la cabeza. ¿Y por qué no te leen? ¿Tan mala eres? No los sé, -respondí-, casi nunca doy a leer a otros lo que escribo. ¿Y por qué no? Me da vergüenza, contesté azorada. Entonces, nunca llegarás a ser escritora. Serás una mujer que escribe y cuando te mueras y alguien lea los cientos de libretas que año tras año has ido emborronando tal vez diga: mira lo buena, o lo mala, que era Alicia escribiendo. Si dicen lo segundo te habrás ahorrado el mal trago de soportar malas críticas y rotundos fracasos editoriales, pero si dicen lo primero te habrás llevado a la tumba el sueño de tu vida… ¿Tan insalvable es el miedo al fracaso como para no intentarlo?