‘Amurallar el propio sufrimiento es exponerte a que te devore por dentro’, decía la incomparable Frida Kalho. Y ella de sufrimiento sabía bastante. Del físico, permaneció postrada en la cama durante largos años a causa de un grave accidente,  y del emocional, sufrió un aborto que la marcó profundamente y durante años soportó la infidelidad de su esposo, Diego Rivera, con su hermana Cristina.  Ella exteriorizaba su sufrimiento en sus pinturas.

Cada uno tenemos nuestros instrumentos particulares para afrontar el dolor, para escarbar en su origen, para llegar a su raiz. Porque sólo desde dentro podemos sanar. Cuando yo era pequeña a mi abuela se le ulceró un pie. Cada día venía a curarla a casa un practicante, un tipo cojo con muy malas pulgas, pero muy buen profesional según decían. Yo lo odiaba porque la hacía sufrir. No entendía por qué cortaba el tejido que le había crecido exteriormente en torno a la úlcera. Pero si se está cerrando… ¿por qué elimina esa finísima capa que ha comenzado a cerrar la herida?, me preguntaba sin entender. Un día, como si me adivinara el pensamiento, le explicó a mi madre la razón: el tejido tiene que regenerarse desde dentro. Si cierra por fuera, dejando la infección dentro, se puede gangrenar la zona.
Entonces no lo entendí. Ahora sí. Si cerramos en falso las heridas, si las maquillamos, desoímos sus punzadas o anestesiamos el dolor que nos provocan, nos gangrenaremos por dentro.
Así vivimos la mayoría. Vivos por fuera, infectados por dentro…